En estos tiempos de cambio, existen varios indicadores o focos que nos dicen de diferentes maneras, que es necesario un cambio en la economía. El sistema económico que prevalece en la mayoría de los países del mundo, ya nos dejó claro que es un modelo orientado al producto y al dinero, muy poco orientado al empleado y al cuidado de los recursos naturales.

 

Hoy vemos en el “quédate en casa”, que todo lo material ha dejado de ser lo importante, que aunque tengamos dinero, no es el dinero el factor importante en términos de familia y amigos; que la libertad, el respirar un aire limpio, el estar con nuestros seres queridos, son por mucho aspectos que no se compran con dinero y que son el fundamento real de nuestra felicidad y crecimiento personal.

 

Los renacimientos son momentos históricos de re-contextualización, en los que nuestra perspectiva gira dramáticamente. Las historias que hemos venido usando ya no funcionan y se crea una nueva narrativa social. Los renacimientos formulan un nuevo horizonte:

 

Nuestra educación aún sigue en su mayoría basada en los modelos definidos en la Revolución Industrial para dirigir empresas del siglo XX, donde el objetivo principal es educar a la sociedad bajo un modelo automatizado, sin explotar la creatividad y las capacidades del individuo; sino mas bien, orientado a lo que se ha definido en las grandes instituciones como el modelo a seguir.

Hoy en día sabemos que las nuevas generaciones son mucho más digitales y en poco tiempo aprenden todo lo necesario, para incluso crear una empresa a pronta edad, modelos que han sido probados ya en el pasado por grandes de la industria como Steve Jobs. Como ejemplo, un programador actualmente no es contratado por la universidad donde estudió, sino por su rating en GitHub, así que cualquiera puede estudiar programación en línea y ser muy bueno en programación.

 

Por otro lado, compartir se está normalizando rápidamente. Tres de cada cuatro europeos participan o cree que participará en los servicios de consumo colaborativo, y por lo tanto podemos considerar que ya forma parte de la economía colaborativa de algún modo. Esta cifra del 3 sobre 4 (75 por ciento) parece ser la cifra mágica. El estudio «Tendencias del consumo colaborativo en España» revela que el 75 por ciento de la población ya ha alquilado o compartido algún bien o servicio en algún momento de su vida. Es la misma cifra en Francia: el 75 por ciento de los franceses confiesan ser practicantes de algún tipo de servicio colaborativo.

 

Latinoamérica, a un ritmo un poco mas lento, hoy en día sin una estadística al nivel de detalle de Europa, representa una comunidad bastante nueva, la cual podemos forjar con los mejores parámetros y estándares del compartir, basados en los principios primarios de la equidad, la justicia, honestidad y el cariño a nuestra sociedad, aunado al respeto y amor por nuestra madre tierra.

 

«¡Qué dices? Ven, no nos mires, ¡únete!»